La adaptación frente a las olas de calor

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    El verano de 2026 ha vuelto a poner de manifiesto la vulnerabilidad de las ciudades europeas frente al calor extremo. Durante los últimos meses, Europa ha registrado episodios de altas temperaturas especialmente intensos, con récords históricos en varios países y alertas sanitarias activadas en gran parte del continente. Estos acontecimientos confirman una tendencia que los expertos llevan años señalando: las olas de calor son cada vez más frecuentes, intensas y prolongadas.

    El coste humano ya es considerable y sigue aumentando. La Organización Mundial de la Salud estima que las enfermedades relacionadas con el calor causaron la muerte de cerca de medio millón de personas en todo el mundo cada año entre 2000 y 2019, y ha atribuido aproximadamente 200 000 muertes en toda la UE y los países vecinos al calor solo en los últimos cuatro años. La Agencia Europea de Medio Ambiente calcula que hasta el 95 % de las muertes relacionadas con fenómenos meteorológicos y climáticos extremos registradas en Europa desde 1980 se deben a olas de calor, lo que supera con creces las causadas por inundaciones, tormentas o incendios forestales.

    Ante este escenario, la adaptación al calor se está consolidando como una prioridad para las ciudades, que cada vez apuestan más por soluciones como la ampliación de zonas verdes, la creación de refugios climáticos, la renaturalización del espacio urbano o el desarrollo de sistemas de alerta temprana para proteger a la población más vulnerable.

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